jueves, 11 de diciembre de 2025

¿Quién soy?

 


Soy el que sobrevivió al ruido. Al caos.
El que fue antes de ser.

El que habitó el salón vacío.
donde la nada dolía.
El cansado de ser hombre.
El que navegó a la deriva.

Soy el que se detuvo en tu sendero.
Bendito momento.
El que cambió el deseo por tu roce.
La soledad por el fuego.

El que descubrió tu sonrisa 
y tu voz.
Tu equilibrio. Tus caderas. 
Tus labios y tus besos.

El que aprendió a medir la eternidad
en abrazos breves. 
Cálidos. 
Cada mañana.

El que dejó dos pequeñas huellas, 
contigo, en la orilla de 
nuestro mar. 
Un océano solo nuestro 
y un futuro.

Ahora soy el que observa.
El que contempla 
y disfruta de moléculas de paz.
Testigo humilde de este milagro.
Y agradecido, respira y
permanece.

El que acepta la grieta
y la sima. 
La meta y la tierra.

Ya no soy el caos. Ni el polvo.
Soy, simplemente,
el hombre que te encontró.
Y fui.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Contemplación

 

Sí, está solo. Allí está Él, solo y en silencio. Observando. Las gaviotas revolotean y se posan en la orilla. La piedra descansa en el mar, brillante, grávida de luz.  La flor de la duna apenas se viste de rocío. La nube y la galaxia viajan: sin prisas. El agua en el manantial. El ave y su nido. El centro y el latido. Y la mujer. Y el hombre. Todo está ahí. Lo sutil.

Observar y contemplar. Sabe que hay una cierta gravedad en cómo ocurre todo. Cómo los seres, cada ser, crece y se relaciona. Cómo está y permanece. Fluye. Se mueve y muere. Atrapado, sin libre albedrío. Nada decide. Una libertad normada, incolora. Reglada. Su hipótesis: todo ocurre porque puede ocurrir. Lo único que puede ocurrir. Dos leyes naturales claras y elegantes. Eso parece deducirse. Son obvias. Pero, Él sabe más …

Todo viene y va. Sin casi tocarlo. Sin casi verlo. Sin nombrarlo. Poco nos es concedido y muy poco es comprendido. Y, sin embargo, todo parece perfecto – casi demasiado perfecto - . Pero hay una grieta en la blancura del silencio. Una sutil fractura en la sombra de lo que esperamos. En el hilo roto del manantial. En la canción olvidada. En el beso no dado. En el vacío que ocupamos. En todo hay una herida. En todo lo vivo. En todo lo inerte.

Solo hay que ver y contemplar, como hace Él, para apreciarla. Valorarla. Respetarla. Pero lo que acontece no es lo que ocurre. Lo de fuera no es lo de dentro. Fuera está lo observado y dentro lo contemplado. 

Nada es perfecto hasta que no vemos esa falla. Nada es completo. El tiempo no es solo tiempo, ni el espacio es solo espacio. La grieta nos muestra lo inesperado: el tejido de lo no dicho, de lo escaso e incompleto. Dos mundos conectados por un abismo, separados por un hilo. 

Solo nos queda permanecer, observar, contemplar con admiración. La fractura nos muestra lo sagrado e inmarcesible. Lo inapreciado. Lo inaccesible. Lo profundo y negro que todo lo permea. No podemos extraerlo y transformarlo, colorearlo. No podemos tocarlo y utilizarlo. Ni siquiera Él. Y lo sabe. Solo percibirlo y esperar a que se manifieste de forma espontánea y caótica. Sin ápice de orden.

Él ya sabe que solo nos queda amar lo que vemos, lo que sentimos. Eso sagrado. Solo Él lo sabe y no lo revela. Nunca lo dirá. No puede. Nunca lo sabremos. Aunque nos angustie el vacío y la ruina. La única esperanza, la aceptación. La paciencia. La compasión. Siempre seremos incompletos. Deliciosamente imperfectos. Ahí está la belleza. Y Él lo sabe.

Comunión

 

Desde lo vacío, desde lo negro. Desde el mar. Retozaban mentalmente en espumas, sobre la arena de su día a día. Dormidos. Desnudos. Estrujando entre sus manos el tabú inconsciente, mamado, del roce y de la edad. Pero la verdad se les hacía verde. Aunque eran palabras, solo palabras. Siempre llegaban a la conclusión de que ni aquello era verdad, ni siquiera su mar era turquesa. Su verdad era verde, extrañamente natural.

No intentaban comprender la dualidad. La dualidad del amanecer se dispersaba en el horizonte. Entre montañas, árboles y rocas. Era imposible comprenderla. Aprehenderla.
 
Y ellos, gris marengo, atisbaban luces en el barro. Pero, no confiaban ni en colores ni en dioses. Para ellos todo era ruido solo ruido. Ni siquiera palabras. Solo estridencia y mentiras.

Pena les daba el amor intentando no serlo a la fuerza. A la fuerza del rojo premonitorio. Y su mar se les vaciaba de intimidad y de libertad. De decires y de voces. De páginas en blanco. 

Había que esperar. Había que esperar que llegara, desde muy lejos, la luz rosa, sucia, pero rosa, como una brisa de planetas y polvo. Solo esperar. Y contemplar. Cómo un renacer impredecible y sorprendente, se venía. Sin esperanza, esperar que los sueños y los nortes y sures se alinearan. Para que ningún alma se durmiera, se extraviara. Esperar. Pacientes, en silencio.

Esto, en muchos, sería imposible. Estridencia y ruido lo impedirían. Se obstinaban en solo ser escuchados. A estos les dolía la angustia de ser anónimos. Temían el silencio. Lo vacío. Pero el silencio no es mudo. Les hablaba y asustaba. Y, esclavos de la materia y de la forma, de lo ético y lo estético, de lo físico, vagaban por la orilla de su incolora existencia. Por la orilla de la nada.

Y el tiempo, pasando monótono. Una babosa en su corazón. A golpes de presente. Sin llevarse nada al pasado. Sin traer nada del futuro. Esperar y contemplar el ahora. Eso quedaba. Hasta que lo único que tuviera sentido fueran los otros. Construir con los otros, golpe a golpe lo inefable. Lo inimaginable. Hasta que todos aprendieran a vivir sin eslabones en las vísceras ni rosas en el pelo. Vivir. Esperar, contemplar y vivir. Eso quedaba. Fundirse. Comunión.

¿Y tú?


La cita

 ...

Lo sé, llego tarde. No seas celosa, no me había olvidado de ti. Eres exigente. En realidad no me necesitas. No necesitas ni que venga ni que hable. Te crees tan segura, tan poderosa, que quieres tus amantes a tus pies. Sí, amantes. Muchos. Eres un amor compartido. Difuso. No me importa. Puedo verte, sentirte, tenerte, casi amarte, a ratos, a trozos. Así nos llega la vida. Discontinua.

No hables tan fuerte ni tan atropelladamente... apenas entiendo lo que dices. No entiendo tu lenguaje, tu idioma. Hoy estás muy alterada. El día está desapacible. Sin embargo, aquí estoy, quizás para acompañarte. O solo para oirte. Para escuchar tu voz. Tan natural, tan necesaria. Me tienes anclado a tu voz, a tu melodía...  Amo tu cadencia. Sugerente. Sensual.  

...

No sé por qué me atraes. ¿Para qué me quieres, si sabes que no te entiendo? Aquí estoy. Dime claramente lo que quieres. Quizás hoy aprenda a entenderte. Lo intento día tras día. Quizás hoy ...

Me callo. Me callo y escucho. Hoy solo escucharé, te escucharé. No diré nada. No romperé este silencio azul cobalto, lleno de tu voz. 

Pero, me gusta tanto cómo lo dices. Y no me rindo, no puedo impedir que penetres. Tu voz es lo que me trae aquí una y otra vez. Hoy no hay nubes. Quizás con nubes te escuche de otra manera. Son tus vestidos. El gris verdoso los días de lluvia. El turquesa, los días soleados. Esta atracción serena   es lo que hace que tu música en mí sea otra, diferente. Siempre es la misma voz, la misma canción, pero tu color... Distinto, iridiscente. Hoy el viento te revolea el vestido. Espuma.

...

He vuelto a nuestra cita. Hoy me sonríes. El viento es frío, de invierno, suave. Pero ... hoy no te oigo. Presto toda mi atención, pero no te oigo. Te veo. Solo me sonries y callas. No soporto este silencio tan lechoso. Sigue hablándome. ¡Por favor! No dejes de hablarme. Te necesito de azul, de verde o de turquesa ..., pero te necesito. Deseo tu voz. No me dejes aquí solo con tu sonrisa en mis ojos y tu silencio en mi. Aspiro este aire de soledad, tan vacío. Necesito tu aroma, Sí, tu aroma.       A menudo me despierta el olor fresco de tu cuerpo. Sobre todo cuando te alejas un poco. Pero hoy estás, te veo, te huelo pero no te oigo. Ya no me hablas. No he logrado complacerte. La arena está fría y el sol naranja, y mi soledad húmeda. No sé decirlo...  estoy tan solo. ¿Por qué no me hablas?

...

Por fin he comprendido. Una revelación. Sí, te me has revelado en sueños. Ha sido enigmático. Misterioso. Yo en tu orilla, pero en mi había otra orilla diferente de un mar diferente. Oscuro, silencioso, sin espuma, de caverna erosionada. Os habeis acercado y besado, rozado. Y mi mar se volvía claro, sereno y hablaba. Lento. Oí vuestros rumores. Como os susurrábais, amantes. Sí, dos amantes apasionados, orilla con orilla, agua con agua. Tu melodía y su poema, al unísono. 

Ya sé lo que quieres de mí. Eres como la vida: no se trata de entenderte sino de responderte. Pondré poemas para tu marea, para tu rumor. Y nos amaremos agua con agua, espuma con espuma. Así... nuestras orillas se acercarán, y besarás mi mar interior, y llenaré de versos tus olas. Eres mi mar. Mi vida.

domingo, 7 de diciembre de 2025

Cavaban (poema)

 

"Había tierra en ellos. 

Y cavaban. (Paul Celan)"

 

Allí estaban. 

Trabajando para enterrar la angustia. 

El silencio. El desamparo.

La miseria y la ira. 

 

No contaban con Dios. Ni con nadie. 

Sabían que Él estaba 

—y Él contemplaba— 

pero a nadie oían, a nadie veían.

Solo dolor. 

 

A ciegas. Como el gusano que roe y roe. 

Laborando sin sentido. 

Sin cesar. Sin futuro. Porque sí.  

 

Inocentes. Esforzados. Cansados.

Transformándose en vacío 

al toque de la angustia.

Pasaba el tiempo. 

Las inclemencias. 

Y no cejaban. 

Cavando. Cavando. 

 

Algo irracional les chorreaba los dedos.

La carne y los deseos se pudrían.

Y en el tiempo, hacia lo oscuro, lo frío. 

 

Sin crear nada. Sin conseguir nada. 

Solo oscuridad. Solo tierra húmeda.

Olor a soledad íntima. Y la voz muda. 

Sin esperar nada. 

 

Pero no estaban solos. 

Otros ojos, otros huesos, 

otras bocas, otras palas.

Estaban con otros.

 

Al levantar la mirada 

veían espectros,

como ellos, como ellas. 

Deshechos de carne y hueso. 


Otras voces que miraban.

 

Ese era el verdadero sentido.

Era el consuelo de un pacto ancestral: 

ese camino subterráneo que 

los acercaba los unos a los otros.

Que los unía. Que los salvaba. 

¿Qué soy?

 

Fui todo antes de ser. 
El origen y el final. 
El alfa, el desarrollo y el omega. 
Todo a la vez.

La luz y la imagen. 
Indefinido. Dual.
El mercurio en el espejo 
y el brillo en el diamante.

Fui lo decible y lo inefable. 
Aquello que temí y lo que amé. 
Pura potencia. Pura inocencia.

Ahora…

Soy el manantial y la piedra. 
Soy la carne y los nervios. 
El colapso de la luz.

El instinto y la emoción. 
La orilla y la espuma. 
El sonido y el concepto.

Más acto que potencia. 
Finito y discreto. 
Eso soy.

Lo que acontece.

Lo que acontece no es lo que ocurre.

Lo que ocurre es inocente.
Es fenómeno puro. Sin intención.
Sin carga ni color.

Lo que acontece es otra cosa.
Es lo que sentimos. 
Lo que elegimos del paisaje. 
Lo que anotamos y medimos. 
Lo que decimos. Concluimos.
La hipótesis.

Pero todo eso no es lo que ocurrió.
Es otra cosa. Impostada. 
Reflejada. Refractada.

Lo que acontece es mudo 
hasta que lo tocamos.

Ahí nace la tragedia. 
Nace el yo. El yo para ello.
El modelo. La imagen elegida.
Y la vestimos.

Es la dignidad última 
de la palabra en la sangre.
Del caos al orden. 
Dolerse. Nombrarlo. 
Hacerlo nuestro.


 

sábado, 6 de diciembre de 2025

Olor a pan.


Huele a pan tostado. Es temprano. 
Siempre me recuerda a la infancia. 
A la seguridad. Al calor.

De pronto, se rompe el cielo. 
El aire tiembla. 
Me asomo a la ventana: todos corren. 
Yo no. Sin comprender.

El olor a pan tostado permanece ingenuo, 
suspendido en el aire, inocente.
Ha volado por encima del humo, 
indiferente a la pólvora. 
Un cuchillo invisible 
ha cortado de raíz 
la esperanza y el sosiego.

Ahora todo es confusión. 
Llanto. Sangre. 
Suciedad. La dignidad última
 de la palabra sobre la carne.

Pronto el lodo caerá al fondo 
y veremos aguas claras. 
Otros aires traerán otra belleza.

Los niños volverán a jugar 
con juguetes inventados. 
Los jóvenes volverán a correr 
con miembros prestados.

Otros amores. Otros fuegos. 
Más grandes. Más rojos.

Y los viejos mirarán 
con los ojos del recuerdo 
y llorarán la inocencia perdida.

Pero yo seguiré aquí, entre escombros. 
Aferrado a la memoria de este día. 
Rescatando el calor.

La única libertad, 
la más terrible y cierta, 
es que yo elijo qué hago con mi sombra.

La paz que vendrá será la luz que llevo.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

... y en tu voz.

 

... y en tu voz me encuentro.

No en la palabra exacta, 

sino en el timbre que me nombra. 

Que me dice. Que me sostiene.

Que me teje y me saca de la sombra. 

Es el cincel de aire que me esculpe

al alba. Es donde soy en la noche.

 

Si el silencio es mi casa, 

tu voz es la puerta abierta. 

Es donde seré. Es la llamada única luminosa.

Tu voz, la brújula en medio de la niebla. 

 

Tu voz y tu sonrisa. 

Me dice "ven". Me dice "vida".

Me transforma. Dejo de ser 

piedra muda. Humo. Agua. 

Me vuelvo eco en la montaña. 

Resonancia en el hogar. 

Y alegría de ser oído. 

 

Tu voz... la única certeza que se canta.

La única verdad que venero. 

 

Sin mapa

 

No hubo mapa.
Ni brújula ni estrella.
Solo el paso ciego
sobre la  dura 
tierra.

Sobre el cieno.

No hubo plan,
ni arquitectura.
Ni promesa, ni sueños.
Solo devenir y esfuerzo.

Y sin embargo... llegué.

De repente, la luz.
Delante de mí, la alegría
brotando libre.

Y me así a su flor
nacida de la grieta.
Sin permiso. Espontánea.
Como amanece el día.
Inevitable. Perfecto.

No había puerto programado.
No había escalas previstas.
Y el mar me regaló la orilla.

No buscaba el fruto.
La fortuna cargó mis ramas.

Y me meció en su barca.

martes, 2 de diciembre de 2025

Seré mar.

 


Nací gota desgajada.
Límpida que descendió con el trueno lejano.
Nube inquieta. Inacabada.
Minúsculo hueco de
luz deseada.

Canto tenue en la altura.
Oscuro relámpago temido.
Bautismo hecho beso.
Y en la piedra dormida
rumor y destino.

"Yo", caleidoscopio.
En cárcava mecida
disolví la dura piedra
en preludio transparente.
Ahora. Impaciente voz
que en tierra halló su urgencia.

Me hizo cauce, prisa.
Tan cuidada, apenas vida fue.
Solo miedo y memoria
que tornó en impulso
la miseria y la herida.

Me hizo tiempo, cicatriz.
Temblor en el abismo. Acariciada. 
Tardía, pero aprendiz.
Guiada en el valle. Serpiente. 
Mimada. Camino abrazado. 
Árbol y ramas.
Puente de cumbre y sal,
no liberada. No decidida.

Así pasé de hueco a grieta,
de rápido a caída.
Sin conciencia. Líquida.
Nunca quieta, pero incierta.

Aprendí. Caminé.
Erré. Traslúcida y opaca.
En la corriente amé.
Y fui de nuevo hora fecunda.

No temí la quietud final.
Ni temí olvidar mi nombre.
Ser apenas eco del aire.
Onda. Ola. Espuma.
Obediencia y abandono.
Noche, día y plata.
Lo acepté. Agradecida.

Espero el horizonte.
La paz de la marea.
Dejaré mi nombre
cómo prenda que viví.

Seré voz. Seré coro.
Sal que todo lo iguala.
Pulso que no cesa.
Plano curvo.
Ni caída ni camino,
sino la llegada misma.

Fui lluvia y río.
Seré mar. 

domingo, 30 de noviembre de 2025

Deshabitado

 

Algo se está deteniendo
en el filo de un destello.
Y el cuerpo se está quebrando
como un espejo de invierno.

Dejaré de ser este "yo" cansado,
este inquilino de la carne,
para ser solo el parco espacio
que ocupaba.

Se escapa la vida
por donde apunta la tarde,
prendida en la luz dormida
que brilla sobre la herida.

No habrá miedo,
solo la extrañeza de no pesar.
De no ocupar espacio.
De no sufrir el tiempo.
La simple materia sin destino.

Me volveré niebla en tu ventana,
sal en la orilla de tu paso.
Arena y río.
Polvo de estrella... apagada.

Y partirán las barcas
cuando al ocaso naveguen,
sobre las olas amargas
donde el ser se mece.

 

Y al final,
cuando pregunten dónde fui,

mi ausencia responderá:

ya no soy.
Ya solo estoy.

viernes, 28 de noviembre de 2025

Cavaban (prosa)

"Había tierra en ellos y
cavaban." (Paul Celan)


Allí estaban continuamente trabajando la tierra para enterrar la angustia, el silencio y el desamparo. Pues no contaban ni con Dios ni con nadie. Sabían que Él estaba y Él sabía que estaban, pero a nadie oían, a nadie querían oír, ni nadie les escuchaba. A ciegas, como el gusano roe que roe, continuaban laborando sin sentido. ¡Pero para el gusano sí tiene sentido! No para ellos y ellas. A pesar de todo, por mucho que trabajaban, no eran capaces de crear nada, de conseguir nada. Esforzados, allá iban transformándose en vacío y muerte al toque de la angustia y el sinsentido. Y pasaba el tiempo y las inclemencias y no cejaban en su empeño, pero sin conseguir nada nuevo. Solo oscuridad y olor a tierra húmeda. Sólo sabían que no estaban solos en la empresa, al menos así se sentían. Al menos tenían el consuelo de cumplir con un pacto ancestral en el camino subterráneo que los acercaba los unos hacia los otros.

 

Sinestesia

¿Qué es el rojo? - me preguntas acariciándome las manos.
Yo solo puedo asir el aire y darte un cuenco vacío.

Tú esperas una forma, un tacto, un sabor. Una línea de piel y ternura.
Yo solo puedo darte su calor y mis besos. Nuestro abrazo disuelve las fronteras. 

Esto es rojo – te digo –, la humedad de mis labios en los tuyos, mientras sientes la calidez de nuestros cuerpos.
Es el sudor volcánico del amor. El sabor a hierro en tu garganta.
La fragua en tus caderas. El río en tus entrañas.
La espina en la rosa. La palabra prohibida en tu boca.

Yo intento, torpe, llenar el silencio de tu oscuridad.
Llevarte los ecos de la claridad a tus sombras.
Y cierro los ojos y, mientras te amo,
compartimos nuestra noche interna.

Quiero ser el prisma que transforme mi luz
en tacto, en sabor, en olor, en palabra que pinten tu mundo.
Quizás ya lo has colmado de besos, cuchillos, fresas y miel.

viernes, 14 de noviembre de 2025

Caos (Summa caótica)

 

Antes de ser no FUI. Pero...

 

FUI anémona translúcida

y medusa elegante de la vida por venir.

FUI "sin" y "con". Materia y timbre.


No fui el camino más corto. Ni la curva.

SÍ el punto singular.

Ni Kandinsky. Ni globo, ni espiral.

Solo presente FUI.


FUI la espera y la esperanza.

El óxido del agua en la tarde.

Trastero de emociones.


Una única pasión: tú.

Pero sin sentirte aún, FUI.


Las firmas de Dios y del Diablo.

Místico, piadoso, ateo y Midas.

La sonrisa de Venus y el pie de Mercurio.

Géminis FUI.


FUI complejo, real e imaginario.

Menos natural que entero,

menos entero que racional,

menos racional que real... y

menos real que complejo.


FUI todo esto antes de SER.

Y al verte... colapsé.


¡SOY!

¿De qué puedo hablar?

 

¿De qué puedo hablar? ¿Puedo narrar el paso del tiempo? 

Sé que en él fluyen el anhelo y la desesperanza.

¿Hablo del ritmo de mi respiración? ¿

O del tacto de mis pies con el suelo? 

Caminar ingrávido sobre un sendero inventado,

 efímero en cada momento.

 

¿Hablo del espacio que nos contiene?

Cierro los ojos y veo mi silencio interior. (

¿Acaso el silencio puede verse?)

 

Veo un grito de nubes que pasan 

cargadas de dolor y de culpa. En caída libre. 

Inmóviles. Como caen los planetas alrededor 

de su estrella. Atrapados. Ligados. 

Girando sin rumbo. Vuelta tras vuelta. 

Sin propósito. Buscando la nada.

 

¿Qué hago con esto que siento? 

Con esta llama inconclusa que me devora por dentro. 

Con esta lechosa luz que emana de lo profundo. 

Con esta roja pasión que me lanza desde el tiempo.

 

¿Cantar? ¿Orar? ¿Leer? ¿Cómo decir esto que siento?

El silencio es más elocuente que el sonido

 del mar en la madrugada. Que me llama. 

Que me arrulla. Que me habla. Pero el silencio calla.

 

Podría inventar una palabra muda. Pero no. 

Ni siquiera ella explicaría la oscuridad de esta noche. 

Esa palabra no dice, ni siquiera: "La luna se ha asomado".

 

Necesito una palabra efímera que sobrevuele 

los espacios y los tiempos,

 las emociones y las acciones, los deseos y los miedos.

 

Pero... ¿cuál es esa palabra? Palabra huérfana. Hija de todo.

¿Poesía?

miércoles, 29 de octubre de 2025

Orden natural.

Cada cosa está en su sitio.

Allí la piedra que descansa en el mar, 
brillante, grávida de luz. 
Allí la flor cultivada que se viste de rocío. 
Allí nube y galaxia viajan: sin prisas, sin ansias. Allí el agua que nace, el ave en su nido, 
el latido.

Espontáneos: todos vienen y van. 
Sin tocarlos, sin verlos del todo, 
casi sin nombrarlos. 
Poco nos es concedido. 
Y todo parece perfecto —casi demasiado—; pero hay una grieta en la blancura del silencio.

Está en la sombra de lo que esperamos, 
en el hilo del manantial
y en la canción olvidada;
en la compasión silenciosa
y en el vacío que ocupamos.

No hacer. No interrumpir. 
Ver. Mirar. Contemplar humildemente. 
Aceptar el brazo que nos sostiene. Sin miedo. 
Solo permanecer.
Y amar con paciencia.

sábado, 4 de octubre de 2025

Las palabras ...

 ... no son nuestras. Son del aire. 

Nacen del aliento que compartimos. 

Viajan en el silencio. 
Se enredan en los abrazos 
y fluyen en los labios.

Las palabras no son de nadie. 
Nosotros somos de espacio y de tiempo; 
de átomos, de partículas. 
Pura materia corruptible. 
Ellas, no.

No caben en ningún sitio; 
trascienden todo tiempo. 
Son eternas. Son libres. 
No podemos encerrarlas 
ni en el papel ni en la tinta.
Ni en la canción ni en el grito.

Orbitan a nuestro alrededor. 
Nos atraviesan. 
Se diluyen en nuestra carne 
y empapan el entendimiento. 
Navegan por la sangre 
y se evaporan en la piel.

No son nuestras. 
Son del aire. 
Y vuelan —ingrávidas— 
en busca de otras bocas 
que las digan, 
que las canten.

Hoy dormí...

 

Hoy dormí largo y profundo.

 

Soñé una historia de caverna,

de levedad, de tierra y de agua,

donde el tacto las paredes 

se disuelve y se hace niebla

y el suelo desmigaja cada pasos.

 

Una historia de aire viciado, denso

de humedad pegajosa, 

de calor sin llama

y de silencio absoluto.

 

Solo las manos y los ojos,

vivos, huérfanos de mí. 

 

Y allá, lejos, la luz.

No la luz de todas las noches.

No la luz de todos lo finales.

Una luz al infinito,

hacia donde ir, una meta, 

y nunca llegar.

 

Ya no temo perder la huella

que dejo y me acompaña, ya no.

Antes me aferraba al polvo de mi sombra .

Ahora solo duermo, solo acepto.

El camino es un solo presente y bruma.

Ahora solo sueño, solo estoy.

 

Y lo saludo. Y lo despido si miedo, sonriendo.

 

Hueco en la existencia, este sueño. 

Solícita caverna cotidiana;

grieta que no cesa en la cordura;

lucidez derruida que aparece.

 

Un dolor lejano y recluso

que ilumina cada noche,

que arde en las sienes

y reseca mi boca, sin sed.

 

Dolor que no descansa, incesante,

 que me observa y me juzga  

como una lechuza en la noche.

 

Es el mismo sueño. 

Siempre repetido.

 

Y tú respiras profundamente

a mi lado. 

 

Tobby

 

01:40 h. He decidido ponerme una alarma. Ya estoy mayor para esto. No me fío de que algún día mi frágil memoria me juegue una mala pasada. Me miro al espejo. - Me tendré que afeitar algún día o al menos recortarme un poco la barba -. Me gusta bajar a Tobby a estas horas. A él también. No hay nadie. Solo la humedad y el frío de cualquier noche de otoño.

01:44 h. Ahí va husmeando, buscando con ansias nuevas presencias y esencias. Mientras yo me entretengo con la luz en los charcos y las esquinas, y el sedoso brillo de las bolsas de basura, camino del parque. Allí hará sus cosas que yo recogeré penitente como trofeos de vida. - No debo olvidar tirarlas antes de volver a casa.- 

01:48 h. Me enciendo un prohibido cigarro y aspiro fuerte. Aquí y ahora él es libre de buscar y rebuscar entre los setos y los árboles, y paralizarse ante nuevos fantasmas. - Yo también los veo. - 

01:51 h. Todos me dicen que es un buen perro, que debo cuidarlo. Es cierto. Es alegre, es inteligente y es fiel. No me deja solo ni a sol ni a sombra. Fueron los chicos del barrio los que le pusieron ese (estúpido) nombre cuando apareció abandonado en el parque, siendo un cachorro, y yo lo recogí.  A veces, jugamos a darnos conversación, y hablamos de aquellos días. Y el vidrio de sus ojos me dice que tiene buena memoria. ¿Qué más se le debe pedir a un perro? ¿Qué más te puede dar un perro?

01:56 h. Me gusta este silencio. Esta noche hace frío y no hay nadie. A veces, casualmente, sorprendemos a alguna pareja haciendo el amor en el coche o comiéndose a besos en un banco. O a algún solitario relamiéndose las heridas, sollozando y hablando solo acompañado de una botella. Pero hoy, ¡cuánto silencio! ¡Cuánta soledad! ¡Qué poco amor hay esta noche en el parque! 

02:01 h. Él sigue olisqueando a mi alrededor: una brizna de yerba, la ramita de un árbol, las agujas del pino, la piedra húmeda del terroso camino, un rastro de niebla. Todo en silencio y bajo la luz de las cuatro farolas del camino, testigos de tanta soledad

02:05 h. No tengo prisa y él tampoco, pero es hora de volver. Y, como cada noche, me pregunto ¿qué hago yo aquí? ¿Qué hago aquí como cada noche? Y vuelvo sobre mis pasos y él me sigue, ajeno a mi dolor. - Mañana volveremos a bajar.-

02:08 h. Y volvemos solos a casa.  Y el nudo perenne que me atormenta me lo recuerda. Ya Tobby no está. Hace dos años se fue en aquel accidente, aquel absurdo accidente...

 

 

viernes, 3 de octubre de 2025

Casi haikus...

1.

Un velo negro

cayó lento sobre mí.

Aún no era invierno. 

 

2. 

No hacer. Fluir.

Esa es tu acción.

Llega la primavera.

 

3. 

Fue en verano.

Un  beso de tu boca.

El sol se ocultó. 

 

4.

Se la manzana,

que en otoño espera

alzar el vuelo.

 

5. 

Ya amanece.

El frío y el rocío

 saludan la luz.

Esta noche ...

Esta noche soñé con tu fantasma.

Vislumbré su cara. 

Gris. Triste. Viva.

 De huesos y de carne.

  

Veloz pasó a mi lado.

Entre otros fantasmas.

Busqué sus ojos,

como buscan los ojos el anhelo inesperado.

En su mirada cansada

un dolor antiguo, improvisado.

 

Allá iba tu fantasma,

con su negro vestido.

Empujando su futuro y

arrastrando su pasado.

Una sombra pasajera,

oscura, de niebla y de musgo.

 

El frío mortal de su sonrisa 

bañó el aire de olvido y de tiempo.

Perfume acre de malvas y azucenas. 

En sus labios el rictus amargo de la victoria

y la dulce sonrisa de la derrota. 

 

Lo vi alejarse, apresurado.

Arrastrando su futuro y

empujando su pasado.

 

Y yo quedé solo,

al pie de la calle,

viendo el pasar de sus huellas

de cieno y de presente.

 

Y yo me vi quieto,

de luz y de espuma,

entre tanta negrura.

Sereno y en paz

viendo pasar más fantasmas.