El invierno llegó pronto
a nuestra casa vacía,
y nos nevó aquel verano
una soledad muy fría.
Se me quemaron los labios.
Tus besos, que antes ardían,
se volvieron tan amargos
que su recuerdo dolía.
Todas las tardes se iban
inventando tu sonrisa.
Todas las noches traían una duda en cada brisa.
¡Ocurrió todo tan deprisa!
Vi cómo te alejabas
rompiéndose tanta vida.
Vivimos tan separados
que la misma luz hería.
No tuve tiempo a olvidarte,
pero el tiempo me decía
que aquel amor que sentí
te lo llevaste ese día.
Y el viento de diciembre,
entre una noche y un día,
me susurró la verdad:
que algún día... te olvidaría.
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