Asómate al brocal
del blanco pozo
y mírate en la luz
que besa el agua.
Yo duermo
en el agua negra,
en el agua triste,
en el agua quieta.
Lanza al fondo oscuro
tu deseo
y cae rendida
sobre tu reflejo.
Yo ya caí
al pozo negro,
al pozo triste,
al pozo quieto.
Húndete en mí,
serena de tarde,
y empápate paciente
de esta agua que arde.
Tú y yo nadaremos
por el agua negra,
por el agua triste,
por el agua quieta.
Bébete la esperanza
en la copa del silencio
y retorna a la tierra
que sembraste.
Tú y yo la regaremos,
con esta agua limpia,
con esta agua clara,
con esta agua fresca.
Enciende la luz en tus manos
con esta agua ¡tan sola!
y regálame el tesoro
que guarda este aire ¡tan quieto!
Tú y yo nos asomaremos
al pozo blanco,
al pozo sereno,
al pozo nuestro.
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