lunes, 11 de julio de 2016

Make - up


      El último sorbo de café amargo y caliente que acababa de tomar había terminado de despertarlo. Debía concentrarse. 
    Era su primer día y no podía desaprovechar aquella oportunidad. Este trabajo le había caído del cielo, no sólo porque podía dedicarse a su pasión, el maquillaje, sino que, además, le permitiría aportar algo de dinero a casa, sobre todo ahora que las cosas iban tan mal. 
     Se puso la bata nueva, arregló las pinturas, las barras de labio, las cremas, ... en fin, todas las herramientas de su arte. Se giró y allí estaba ella, su primera cliente. Quieta, demasiado joven y demasiado quieta, pensó ... Retiró la sábana que cubría su cabeza, y la contempló marfil, serena, y comenzó su tarea.

lunes, 28 de marzo de 2016

Todo es nuevo.

¿Para qué más? ¿Qué nos espera? 
¿Qué es lo nuevo, sino lo viejo con otra máscara? 
¿Qué nos trae el tiempo, sino la misma repetición?

En realidad, somos eternos 
y no lo sabemos. No lo sentimos. Desperdiciamos la eternidad buscándola fuera.

Todo paso, toda fase, 
obedece a una ley espontánea.

El tiempo solo tiene un sentido: el desorden. 
La caída.

Por eso la experiencia, lo aprendido, es inútil. 
Es un mapa de un sitio que ya no existe.
Porque todo es nuevo a cada instante. 
Y cuesta tanto ir contra la corriente. 
Ordenar. Levantarse.

Cuando lo natural, 
lo único cierto, 
es derrumbarse.

Todo es nuevo. Virgen.


domingo, 24 de enero de 2016

Amarte

Contemplarte.

No hay tiempo, solo silencio.

Dejándome llenar de tu danza,

de tu música.

Aire.


Te rozo con los ojos.

Solo una pizca de tu luz, y ya arde.


Mi única espera

es la curva insinuanteb

de tu sonrisa deslunada.

Abandonarme allí,

hundirme en los ríos de tus dedos.


Te amo desde el centro.

Aire iluminado.

Denso.

Eterno.

viernes, 8 de enero de 2016

Silencio

Es noche. Es verano.
Esperas un poema.
Y callas.

Hay un silencio nuestro,
distinto, ligero...

Como el mar
cuando besa la arena,
o el árbol
cuando se mira en el río.

Como esta luna
que te ilumina, serena.

Este silencio que se pasea por tu pelo,
como la luz en tu piel,
como mis manos en tu cuerpo...

Hablamos sin abrir la boca.
Solo con miradas.
Solo con suspiros.

Intento hilar las palabras,
pero huyen, escapan,
como bandada de pájaros,
como el viento en las ramas.

Esta noche
podría decírtelo todo...
Que me gustas en penumbra...
(Te veo, te imagino, te invento).
Que me envuelve tu sonrisa...
(Aunque ya lo sabes).
Que me quemas muy adentro.

Pero no hace falta.
Ya lo escuchas.
A gritos. En este silencio.


lunes, 4 de enero de 2016

Las llaves


Todavía conservaba en su interior el tintineo de las llaves del piso y, aún, sentía su tacto metálico, duro y frío entre sus dedos. Ambas sensaciones alimentaban su sufrimiento día tras día. Era insoportable. 

Aunque, a ratos, algo (¿o alguien?) dentro de él le decía que olvidara, que había hecho lo que tenía que hacer y que, ya le tocaba ir hacia adelante sin mirar atrás, le era imposible desprenderse del sonido exasperante de aquellas jodidas llaves que le devolvían, una y otra vez, a aquella jodida puerta. Era una locura. 

Sentía el continuo deseo de comprobar si Marina y Julia seguían allí después de tanto tiempo. Pero no podía. ¿Por qué? ¿Qué se lo impedía? Su alma era un infierno, un ir y venir sin pausa del remordimiento al odio, de la humillación a la ira, del rencor a la desesperación … 

Sin embargo, en el fondo (muy al fondo) estaba convencido de que era su castigo, un castigo que merecía. Una condena impuesta por no se sabe quién … ¿o sí? … ¡Qué se yo! Pero cada minuto que pasaba crecía la angustiosa seguridad de que eso iba a durar una eternidad. 

Al fin y al cabo, ¿qué podía esperar él después de suicidarse, tras degollar a su mujer y a su hija?

Llegas temprano luna

Llegas temprano luna.
Aún el sol está alto
y el cielo es demasiado azul
para contenerte.
Pareces apenas una nube
pero ya te adivino.

Aún relucen los rayos en las olas.
Aún bailan sus brillos en la espuma.
Aún la gente corre y pasa.
Queda tiempo.

Aún las aves vuelan alto, celebrando
la tibieza de la tarde.
¿A qué vienes tan pronto?

Pareces asomada a la mirilla
de la puerta, aún cerrada, de la noche.
Observando. Escrutando.
Desde pronto quieres ser testigo
de lo nuestro más íntimo.

Estás ansiosa por cubrirme con tu bruma,
por reclamar tu luz en cada calle.
Qué celosa eres.

Dame tiempo.
De dar los últimos besos,
de bajar la mirada,
de guardar nuestros versos...

Dame tiempo...
que no estoy preparado,
que me asusta el silencio de tu órbita;
que tanta soledad cerrada
me abruma.

Dame tiempo para morir el día.
Aún es muy pronto, luna.


Súplica

Deja que escriba en tu piel aquellos besos no dados, 

los tiempos blancos, contados, con mis labios.

Tengo palabras de cielo para colmarte la copa

 y escribirte dos poemas: 

uno bajando tu cuerpo, con mis dedos, 

otro subiendo tu alma, con mi boca.

 

Deja que siembre en tus ojos todas las dudas calladas, 

y las caricias soñadas, con mi aliento.

Tengo mares infinitos que me brotan de las manos 

para surcar tus caderas: 

unos te mojan por dentro, en mis sueños, 

otros te secan por fuera, con mi fuego.

 

Deja que seamos espuma, que seamos sal y olas; 

un estallido de luz, una sola estrella azul. 

 

Que seamos uno solo.

A veces ...

Me vuelves aire.
Me enredas, me respiras.
Soy el espacio que ocupan tus manos.
El vacío entre tus dedos.

(Y simplemente... me dejo).

Me vuelves agua.
Bajo a tus raíces.
Me bebes, me lloras.
Soy la humedad en tu boca 
y la calma en tus besos.

(Y simplemente... me dejo).

Me vuelves luz.
Me atrapas en tus ojos.
Ya no hay cielo ni nubes, 
solo este destello.
Aquí y ahora, este Universo pequeño.

(Y simplemente... me dejo).

Me vuelves altar.
No hay sacrificio, solo tus brazos.
El único fuego eterno
son estos labios, esta piel,
este incendio quieto.

(Y me dejo amar. Y en ti... me quedo).