La curva insolente de tu sonrisa,
tan de tierra, tan de agua y terciopelo,
me atravesó la carne y las horas
cambiando el eje de mi vida.
No es solo luz, es piel que me avisa.
Tus vértices se marcan en mi pecho, incendiando de golpe los deseos,
las palabras, las miradas palabras y la prisa.
Mi destino tus caderas, lejos del ruido
y del metal iluminado,
en este silencio urgente y sin miedos.
Cuidaré, vida y muerte, a mi manera.
El espacio y el tiempo regalados.
De la mano: tú luz, yo aire y dedos.
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