Quisiera ser sabio.
Atrapar todo el tiempo en la jaula de mi sombra.
Navegar orgulloso por eones, sin rumbo, sin miedo.
Quisiera ser poeta.
Deshacer la materia y dibujar nuevos mundos.
Inventar la voz que no existe.
Pero soy hombre. Ínfimo.
Me conozco y reconozco hombre.
Hombre en la mirada del simple.
Hombre en la sonrisa del mediocre.
Al fin y al cabo, barro.
Humildad de los años.
Escudriñas en mi cieno.
Me muestras quién soy en el espejo de los otros,
en la carne que caduca.
Me juzgas con mirada distinta. Sin deseo.
Conmueves mis cimientos con esa sonrisa vacía.
Humildad. Amenazas mis torres de humo.
Dueles. No eres necedad ni desprecio,
sino el valor de lo pequeño.
A ser tierra y agua me debo.
No saltar los límites del sendero. No ser ruido.
A ser de ellos. No de mí.
De los otros. De los últimos.
Recoger las astillas de sus sombras.
Lo auténtico. Lo mínimo.
Aprender de los que buscan el sentido último.
La raíz.
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