domingo, 11 de enero de 2026

El espejo invisible



Me presento: Soy YO. Siempre he sido YO.

Malvivo en el parque frente a tu portal.
En esta calle amarilla y azul, de hormigón, sal y agua.
Sí, cerca de la playa de dunas y flores de arena. 
De escarabajos y conchas. De tobas y lumaquelas. 

Mi alma es árida, mi huella húmeda 
y mis labios rajados apenas sonríen. 
Mis ojos vidriosos y arañados por la luz te escrutan, 
te conocen, te reconocen, desde mi banco. 
Las palomas también, algunas me hablan de ti. 
De tu silencio y tu miedo. 
Porque ellas, como yo, te observan y contemplan.

Tú y los demás me llamáis “Luis”, 
pero yo me llamo YO. 
Soy solo lo que soy. 

Pasáis alejándoos, 
como si os hubierais equivocado de camino. 
Pasáis con miedo. 
Para vosotros soy el espejo de vuestros espectros interiores. 
No me conocéis, pero os reconocéis. 
Y veo la desesperación en la mirada, 
la ansiedad en los pasos, 
por acarrear más cosas, 
por callar el miedo. 
El silencio espeso y frío os baña. 
El frío en las manos y en los labios ni un beso.

Disfruto de la luz del día, del sol. 
Del vino y la cerveza. 
De mi soledad, sucia y silenciosa. 
Al fin y al cabo, vivo. 
Disfruto de esta manzana, de este trozo de pan. 
De esta brisa. 


Y os contemplo pasar. Sin sonreír, sin mirar. 
Deambuláis como espectros, 
cansados, bajo las nubes. 
Con mochilas ocultas y pesadas. 
No sabéis vivir. No sabéis vivir, como yo. 
¿O quizás sí? 
Solo empujáis el futuro y arrastráis el pasado. Encadenados.
¿Como yo?

¿Tienes miedo de que te mire? ¿De que te hable? 
Sé quién eres. No temas. 
Solo soy un reflejo de ti. 
Eso que repudias. Ese que no quieres ser. 
Ese ser abyecto que a veces visita tu mente y tu alma, 
y quieres expulsarlo sacudiendo la cabeza. 

¡Ah! ¡Claro! 
Tú eres distinto, te crees distinto. 
Yo no estoy en ti y nunca lo estaré, 
porque crees que yo soy un desecho de los demás. 
Es cierto, quiero vivir así. 
La vida, esta preciosa y maldita vida, 
que no nos deja elegir, 
viene llena de flores y grietas, 
espontáneas, inesperadas y fugaces, 
y se va fatigada, helada y sucia. 
Morimos a cada paso y yo soy la meta. 
Si paseas por tu ciudad, con calma y atento, 
verás esa meta en mil formas diferentes.

La vida, sí, la vida. 
Esa que ya no tengo desde anoche. 
El frío pudo con mi cuerpo y se la llevó. 
Quedé aterido de muerte en mi suelo de cartón 
y tapado con una manta prestada. 
Ya guardó otros calores y otros fríos. 

Ya no seré tu espejo, vuestro espejo transparente. 
Seguro que otro “Luis” ocupará mi lugar 
y os devolverá la angustia, la soledad o la humildad. 
La ternura o la ceniza.     
Quizás nadie me eche en falta. 
Quizás la mayoría, mientras tanto, duerma tranquila 
porque no se hayan esparcido aún otros espejos rotos, 
dormidos en el suelo, con babas, orines y cerveza.

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