Te recuerdo con un dolor
limpio,
sin que me hiera la luz, aún queriendo,
sin que me hiera el olvido,
transparente.
Tu imagen se difumina en un querer
y no puedo.
En un cristal sin color, en un sólido latiendo,
pura luz.
Y permaneces etérea, en el aire,
disolviéndote.
Es tu figura perfecta, casi niebla, casi nube,
intocable.
Ahora roca, luego bruma.
Quizás agua, hielo o lava.
Ahora brillo divino, materia viva.
Quizás metal, quizás musgo.
Y me atraviesas el sueño en un ir y venir
vibrando.
Así te recuerdo yo. Casi luna. Casi noche.
Sin dolor.
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