La luz tiembla por deslizarse en tu pelo,
por romperse en filigranas,
en un prisma casi negro.
¡Quién fuera luz!
Estremecerme al contacto
en un palpitar de fuego,
y transmutarme en el acto,
en colores siempre nuevos.
Enredarme y diluirme
en el río de este deseo.
Derretirme y consumirme
en cada brillo, en cada destello.
¡Quisiera yo ser luz!
Romperme súbitamente
y crepitar en tu fuego.
Brillar incandescente, expandirme,
derramarme, desde el sueño.
Y como una estrella errante, entre el espacio y el tiempo,
perderme en este azul rotundo, profundo.
Casi eterno.
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