No puedo más que besarte con la mirada.
Detener el tiempo, recorrer tu rostro.
Y en tus labios... la caída. Adentro.
Solo puedo perderme en las ganas de tenerte.
Desde lejos, sin tocarte. Inventarte en la espera.
Sediento de piel, de versos y de anhelos.
No puedo más que rozarte.
Cálida. Tierna. Pura. Distante.
Con este hambre insaciable,
naufragar en tu foto, devorarte.
Solo puedo sentirte. Ni eso.
Solo inventarte generosa, entregada,
sin miedo, en abrazos,
agua viva disuelta en mí.
No puedo más que pensarte.
En oleada de espuma, surcando tu figura,
bajando a lo profundo,
a tu abismo... mar donde me hundo.
Solo puedo imaginarte temblorosa,
rendida al centro de este fuego.
Manando ternura, en tu gemido,
tu voz... el susurro.
No puedo más que soñarte. Pasión urgente.
Luz. Incendio. Golpe.
En un rayo súbito, vaciándome.
Solo puedo sonreírte. Tú, la ternura en mí.
Solo puedo destruirme. Yo, una palabra en ti.
Yo en tu suspiro. Solo aire... evaporado.