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sábado, 4 de octubre de 2025

Hoy dormí...

 

Hoy dormí largo y profundo.

 

Soñé una historia de caverna,

de levedad, de tierra y de agua,

donde el tacto las paredes 

se disuelve y se hace niebla

y el suelo desmigaja cada pasos.

 

Una historia de aire viciado, denso

de humedad pegajosa, 

de calor sin llama

y de silencio absoluto.

 

Solo las manos y los ojos,

vivos, huérfanos de mí. 

 

Y allá, lejos, la luz.

No la luz de todas las noches.

No la luz de todos lo finales.

Una luz al infinito,

hacia donde ir, una meta, 

y nunca llegar.

 

Ya no temo perder la huella

que dejo y me acompaña, ya no.

Antes me aferraba al polvo de mi sombra .

Ahora solo duermo, solo acepto.

El camino es un solo presente y bruma.

Ahora solo sueño, solo estoy.

 

Y lo saludo. Y lo despido si miedo, sonriendo.

 

Hueco en la existencia, este sueño. 

Solícita caverna cotidiana;

grieta que no cesa en la cordura;

lucidez derruida que aparece.

 

Un dolor lejano y recluso

que ilumina cada noche,

que arde en las sienes

y reseca mi boca, sin sed.

 

Dolor que no descansa, incesante,

 que me observa y me juzga  

como una lechuza en la noche.

 

Es el mismo sueño. 

Siempre repetido.

 

Y tú respiras profundamente

a mi lado. 

 

domingo, 22 de noviembre de 2020

Dormir

 Dormir es una traición.

Abandonas por un breve tiempo

el mundo, tu mundo,

para domar fantasmas.

Es el mayor acto egoísta.

Mientras duermes eres infiel.

Infiel al ruido,

a la angustia, 

al miedo,

al espacio y

al tiempo.

Dormir es abandonar,

es un morir discontinuo y,

a la vez, incierto.

Es un vivir ausente.

La niebla en los ojos

y el frío en las manos.

Es un anhelo inconcluso de muerte.

Irracional.

Dormir es dejar de aferrarse

a los ojos,

sin miedo a sentirnos solos.