La vida se vive a trozos.
De espacios y de tiempos.
De emociones, de risas y de miedos.
A trozos imperceptibles de felicidad.
La vida es un continuo infinito
de trozos discontinuos.
Almas, tiempos, miradas, sonrisas.
No es un bloque.
No es la roca inamovible.
Fluye tierna de carne a carne.
Fotones sobre la cama.
Electrones de abrazos a tiempo.
Átomos que huelen café.
Instantes de besos.
Todos gravitan sueltos. Inconexos.
Pequeños eventos flotando en la casa habitada.
Pero, a veces... se buscan.
Se acercan. Se enlazan.
Forman moléculas. Microscópicas.
Estables. Invisibles. De paz.
No es la eternidad.
No es el Universo.
Es solo un trozo ínfimo,
en el tiempo,
en el espacio.
Microscópica materia
de felicidad suficiente.
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