No hay donde volver.
He dejado el país conocido.
Al que no se puede volver.
He traspasado la efímera frontera
de lo cotidiano y la norma,
de la rutina y lo estable.
Miro hacia atrás
y todo está vacío.
Se ha ido evaporando
con la indolencia
del tiempo y de la edad.
Puedo recordarlo
pero no puedo verlo.
Aquí en el límite,
concurren muchas tierras, inventadas.
Nuevos campos, nuevas brisas,
nuevas dunas, nuevos ríos,
nuevos barrancos, nuevas calles…,
y el mismo mar.
Esta nave que me lleva,
la que me trajo y
con la que fluiré
es la misma. Compañera de huellas
continúa dibujando mi estela.
Miraré a poniente.
Y dibujaré la silueta sin sombra
de los sólidos cuerpos
inventando sus historias
y sus miedos. Frente a mí.
Y gota a gota, cada alba,
desapareceré contemplando el crepúsculo,
con la quietud del azul del cielo.
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