viernes, 22 de mayo de 2026

Umbral

Como el liminar flamenco

al ocaso arriba a la marisma

sobrevolando plano y sutil

la recta luz divina,

así aterrizo yo serenamente

sobre la flecha coral del tiempo.

Y súbito me asomo incierto

al horizonte sinuoso de la vida.


Sobre la piedra, el agua,

la sal y la espuma dormida,

derramando cristales de vapor

como rosas pájaros de fuego.


No sé si voy o llego,

ocultando verdades y mentiras,

al sol cálido en la tarde

que cae silente hacia la sombra.

Así me despido …

y al silencio me entrego.

Diez de la mañana

El silencio en mi casa

se baña al sol claro y tibio

que quiebra mi sombra.

Y el pálpito de tus huellas,

recién huidas hacia el frío,

vuela con alas pintadas, de acero.


El marfil de la mañana

trepa sin reposo

las paredes y los muebles.

No hay nubes en el raso

ni pasaíso olvidado.

Ni susurro, ni compás.

Solo la imagen solaz de la palabra

y el sereno trazo de la pluma.


Aquí quedo, como el jarrón

de tus flores de cristal,

como el marcapáginas

y el intento de ser brisa

y no arena.


Fuera de mí, la quietud

me descubre un nuevo tiempo,

un nuevo yo. Derrumbe.

Un nuevo hueco por donde

se disipa la niebla cálida del sueño.


Y navego a la deriva, sonriendo,

amándote, en este río de ternura,

libre, sin rumbo, sin puerto.