Como el liminar flamenco
al ocaso arriba a la marisma
sobrevolando plano y sutil
la recta luz divina,
así aterrizo yo serenamente
sobre la flecha coral del tiempo.
Y súbito me asomo incierto
al horizonte sinuoso de la vida.
Sobre la piedra, el agua,
la sal y la espuma dormida,
derramando cristales de vapor
como rosas pájaros de fuego.
No sé si voy o llego,
ocultando verdades y mentiras,
al sol cálido en la tarde
que cae silente hacia la sombra.
Así me despido …
y al silencio me entrego.