viernes, 24 de julio de 2026

Quisiera yo recitar

 

Quisiera yo recitar

los poemas vividos,
frente al mar,
y no escritos.

Aquellos que volaron
en el pensamiento,
que solo fueron potencia,
posibilidad, deseo.

Los que nunca llegaron a ser,
a pesar de que fueron.
Los conemplados que me hablaban
de ti, de la compasión,
del amor y el desapego.

Aquellos que sobre la espuma
se formaban en su bruma
e iban y venían en el tiempo.
Los que se quemaron al sol del mediodía
y se anaranjaron al atardecer.

Quisiera yo rescatar lo no escrito,
lo sentido como se siente 
la luz que hiere, como se ve 
la música que traspasa.

Y soltar sereno, en la orilla,
el barco, de esta página en blanco
que sin ellos se deshará
en un súbito y pronto instante, en paz. 

Un poema es

 

Un poema es un río mudo, interior.

Quiere fluir en lo ambiguo,

en la incertidumbre.

Oscilando entre el ruido, es,

y el silencio, podría ser.


Todo poema evoca una sombra,

una sombra inconclusa,

un vacío.

Causa extrañeza.


Se tiñe de colores que aún no existen.

En la periferia de lo posible

y lo inexplicable.


Ahí surge la belleza.

 

No hay donde volver

   

No hay donde volver.

He dejado el país conocido.

Al que no se puede volver.

He traspasado la efímera frontera

de lo cotidiano y la norma,

de la rutina y lo estable.


Miro hacia atrás

y todo está vacío.

Se ha ido evaporando

con la indolencia

del tiempo y de la edad.

Puedo recordarlo

pero no puedo verlo.


Aquí en el límite,

concurren muchas tierras, inventadas.

Nuevos campos, nuevas brisas,

nuevas dunas, nuevos ríos,

nuevos barrancos, nuevas calles…,

y el mismo mar.


Esta nave que me lleva,

la que me trajo y

con la que fluiré

es la misma. Compañera de huellas

continúa dibujando mi estela.


Miraré a poniente.

Y dibujaré la silueta sin sombra

de los sólidos cuerpos

inventando sus historias

y sus miedos. Frente a mí.


Y gota a gota, cada alba,

desapareceré contemplando el crepúsculo,

con la quietud del azul del cielo.



Los que me acompañaron

 

Los que me acompañaron

quedaron, en la niebla,

despidiendo mi partida.

Saben que los visitaré en sueños

como un fantasma corpóreo.

Ánima para cerrar

lo inacabado,

lo no dicho, lo inexpresado.


Los que se quedaron

saben que no podré volver.


Pero tú, seguirás a mi lado.

Tu voz guiándome. Huella con huella.

Tu calor yacente junto a mí.


Me retiro

  

Me retiro.

He hecho mi tarea y me retiro,

en silencio, desde lejos.


He sido aprendiz y árbol.

Guié mis hojas al sol

y se tornaron flores

de agua incandescente,

de nervios, de nubes.


He intentado mostrar

sin decir: esencia.

He intentado actuar

sin hacer: forma.


He aprendido a esperar

el saludo cálido

en la jamba de la calma.

Esperar el fruto y la sonrisa,

con pasión, sin ansiedad,

con deseo, desde el tiempo.


He mostrado lo que surge.

Lo que viene desde siempre.

Lo que permanece siempre.

He sembrado lo que desaparece.

He recogido lo que se va.

Como una oración, con fe.


He contemplado la idea y la ley,

el relámpago y el desorden,

con amor y compasión,

con anhelo y esperanza.


He llovido todo. Como me enseñaron.

He vaciado mis manos y mi boca,

mis ojos y mi mente. A borbotones.

Sin dudas, sin rabia.

Sin miedo, con confianza.


He hecho mi obra y me retiro.

La he olvidado porque

la memoria ya es sombra

y el tiempo eterno.


He concluido lo que vine a hacer.

Ya no lo recuerdo.

He vivido y compartido.


Todo ha ocupado su lugar y me retiro.