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miércoles, 3 de diciembre de 2025

... y en tu voz.

 

... y en tu voz me encuentro.

No en la palabra exacta, 

sino en el timbre que me nombra. 

Que me dice. Que me sostiene.

Que me teje y me saca de la sombra. 

Es el cincel de aire que me esculpe

al alba. Es donde soy en la noche.

 

Si el silencio es mi casa, 

tu voz es la puerta abierta. 

Es donde seré. Es la llamada única luminosa.

Tu voz, la brújula en medio de la niebla. 

 

Tu voz y tu sonrisa. 

Me dice "ven". Me dice "vida".

Me transforma. Dejo de ser 

piedra muda. Humo. Agua. 

Me vuelvo eco en la montaña. 

Resonancia en el hogar. 

Y alegría de ser oído. 

 

Tu voz... la única certeza que se canta.

La única verdad que venero. 

 

Sin mapa

 

No hubo mapa.
Ni brújula ni estrella.
Solo el paso ciego
sobre la  dura 
tierra.

Sobre el cieno.

No hubo plan,
ni arquitectura.
Ni promesa, ni sueños.
Solo devenir y esfuerzo.

Y sin embargo... llegué.

De repente, la luz.
Delante de mí, la alegría
brotando libre.

Y me así a su flor
nacida de la grieta.
Sin permiso. Espontánea.
Como amanece el día.
Inevitable. Perfecto.

No había puerto programado.
No había escalas previstas.
Y el mar me regaló la orilla.

No buscaba el fruto.
La fortuna cargó mis ramas.

Y me meció en su barca.

martes, 2 de diciembre de 2025

Seré mar.

 


Nací gota desgajada.
Límpida que descendió con el trueno lejano.
Nube inquieta. Inacabada.
Minúsculo hueco de
luz deseada.

Canto tenue en la altura.
Oscuro relámpago temido.
Bautismo hecho beso.
Y en la piedra dormida
rumor y destino.

"Yo", caleidoscopio.
En cárcava mecida
disolví la dura piedra
en preludio transparente.
Ahora. Impaciente voz
que en tierra halló su urgencia.

Me hizo cauce, prisa.
Tan cuidada, apenas vida fue.
Solo miedo y memoria
que tornó en impulso
la miseria y la herida.

Me hizo tiempo, cicatriz.
Temblor en el abismo. Acariciada. 
Tardía, pero aprendiz.
Guiada en el valle. Serpiente. 
Mimada. Camino abrazado. 
Árbol y ramas.
Puente de cumbre y sal,
no liberada. No decidida.

Así pasé de hueco a grieta,
de rápido a caída.
Sin conciencia. Líquida.
Nunca quieta, pero incierta.

Aprendí. Caminé.
Erré. Traslúcida y opaca.
En la corriente amé.
Y fui de nuevo hora fecunda.

No temí la quietud final.
Ni temí olvidar mi nombre.
Ser apenas eco del aire.
Onda. Ola. Espuma.
Obediencia y abandono.
Noche, día y plata.
Lo acepté. Agradecida.

Espero el horizonte.
La paz de la marea.
Dejaré mi nombre
cómo prenda que viví.

Seré voz. Seré coro.
Sal que todo lo iguala.
Pulso que no cesa.
Plano curvo.
Ni caída ni camino,
sino la llegada misma.

Fui lluvia y río.
Seré mar. 

domingo, 30 de noviembre de 2025

Deshabitado

 

Algo se está deteniendo
en el filo de un destello.
Y el cuerpo se está quebrando
como un espejo de invierno.

Dejaré de ser este "yo" cansado,
este inquilino de la carne,
para ser solo el parco espacio
que ocupaba.

Se escapa la vida
por donde apunta la tarde,
prendida en la luz dormida
que brilla sobre la herida.

No habrá miedo,
solo la extrañeza de no pesar.
De no ocupar espacio.
De no sufrir el tiempo.
La simple materia sin destino.

Me volveré niebla en tu ventana,
sal en la orilla de tu paso.
Arena y río.
Polvo de estrella... apagada.

Y partirán las barcas
cuando al ocaso naveguen,
sobre las olas amargas
donde el ser se mece.

 

Y al final,
cuando pregunten dónde fui,

mi ausencia responderá:

ya no soy.
Ya solo estoy.

viernes, 14 de noviembre de 2025

Caos (Summa caótica)

 

Antes de ser no FUI. Pero...

 

FUI anémona translúcida

y medusa elegante de la vida por venir.

FUI "sin" y "con". Materia y timbre.


No fui el camino más corto. Ni la curva.

SÍ el punto singular.

Ni Kandinsky. Ni globo, ni espiral.

Solo presente FUI.


FUI la espera y la esperanza.

El óxido del agua en la tarde.

Trastero de emociones.


Una única pasión: tú.

Pero sin sentirte aún, FUI.


Las firmas de Dios y del Diablo.

Místico, piadoso, ateo y Midas.

La sonrisa de Venus y el pie de Mercurio.

Géminis FUI.


FUI complejo, real e imaginario.

Menos natural que entero,

menos entero que racional,

menos racional que real... y

menos real que complejo.


FUI todo esto antes de SER.

Y al verte... colapsé.


¡SOY!

¿De qué puedo hablar?

 

¿De qué puedo hablar? ¿Puedo narrar el paso del tiempo? 

Sé que en él fluyen el anhelo y la desesperanza.

¿Hablo del ritmo de mi respiración? ¿

O del tacto de mis pies con el suelo? 

Caminar ingrávido sobre un sendero inventado,

 efímero en cada momento.

 

¿Hablo del espacio que nos contiene?

Cierro los ojos y veo mi silencio interior. (

¿Acaso el silencio puede verse?)

 

Veo un grito de nubes que pasan 

cargadas de dolor y de culpa. En caída libre. 

Inmóviles. Como caen los planetas alrededor 

de su estrella. Atrapados. Ligados. 

Girando sin rumbo. Vuelta tras vuelta. 

Sin propósito. Buscando la nada.

 

¿Qué hago con esto que siento? 

Con esta llama inconclusa que me devora por dentro. 

Con esta lechosa luz que emana de lo profundo. 

Con esta roja pasión que me lanza desde el tiempo.

 

¿Cantar? ¿Orar? ¿Leer? ¿Cómo decir esto que siento?

El silencio es más elocuente que el sonido

 del mar en la madrugada. Que me llama. 

Que me arrulla. Que me habla. Pero el silencio calla.

 

Podría inventar una palabra muda. Pero no. 

Ni siquiera ella explicaría la oscuridad de esta noche. 

Esa palabra no dice, ni siquiera: "La luna se ha asomado".

 

Necesito una palabra efímera que sobrevuele 

los espacios y los tiempos,

 las emociones y las acciones, los deseos y los miedos.

 

Pero... ¿cuál es esa palabra? Palabra huérfana. Hija de todo.

¿Poesía?

sábado, 4 de octubre de 2025

Hoy dormí...

 

Hoy dormí largo y profundo.

 

Soñé una historia de caverna,

de levedad, de tierra y de agua,

donde el tacto las paredes 

se disuelve y se hace niebla

y el suelo desmigaja cada pasos.

 

Una historia de aire viciado, denso

de humedad pegajosa, 

de calor sin llama

y de silencio absoluto.

 

Solo las manos y los ojos,

vivos, huérfanos de mí. 

 

Y allá, lejos, la luz.

No la luz de todas las noches.

No la luz de todos lo finales.

Una luz al infinito,

hacia donde ir, una meta, 

y nunca llegar.

 

Ya no temo perder la huella

que dejo y me acompaña, ya no.

Antes me aferraba al polvo de mi sombra .

Ahora solo duermo, solo acepto.

El camino es un solo presente y bruma.

Ahora solo sueño, solo estoy.

 

Y lo saludo. Y lo despido si miedo, sonriendo.

 

Hueco en la existencia, este sueño. 

Solícita caverna cotidiana;

grieta que no cesa en la cordura;

lucidez derruida que aparece.

 

Un dolor lejano y recluso

que ilumina cada noche,

que arde en las sienes

y reseca mi boca, sin sed.

 

Dolor que no descansa, incesante,

 que me observa y me juzga  

como una lechuza en la noche.

 

Es el mismo sueño. 

Siempre repetido.

 

Y tú respiras profundamente

a mi lado. 

 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Dos soles

En la orilla del tiempo. 

El cielo rosa, o malva.

Los pies húmedos,

el viento fresco....

y en el horizonte dos soles.

 

Uno naranja muriendo.

Fuego. Quemo los deseos incumplidos,

el tiempo malgastado (sin ti),

la pesadez de esta existencia,

la soledad, los pasos...

Un rescoldo íntimo que me abrasa

y me renueva. 

Otro blanco, naciente.

Que triunfa y me empuja

a tu mirada, a tu sonrisa.

Ilumina los caminos

sin hollar y calienta

el reposo frío de cada noche.


Dos soles.

Y la espuma besándome

el futuro,

y las dunas enterrando

mis secretos.

sábado, 28 de noviembre de 2020

Las luces de mi calle

Cada noche las luces de mi calle lucen tristes. Solas.

No porque no sean bellas, sino por exceso de memoria.


No quieren ser testigos de las miradas vacías,

de las bocanadas de ira y de humo.

Del tedio.


Soportan el peso de lo que ven.

No juzgan. Solo permanecen. Pacientes.

Verticales sobre nuestra sombra.


Sí, ven. Nos ven.

Ven la madre y la grieta.

La rosa deshojada en el asfalto.

Los puños azules.

Los gritos hechos rayo.


Nos ven por dentro.

Ven lo que escondemos. Inmóviles.

Ven lo que acontece. Y entienden.


Derraman su calor frío sobre cada caído,

sobre cada olvidado.

Pero nosotros no, no las vemos.  

(Igual que a ellos) 

Desterradas de nuestra conciencia.


Quieren ser, pero no pueden, párpado para el cansancio.

Condenadas por la luz, saben demasiado.

Pero no las vemos. Por eso duermen solas.


sábado, 12 de agosto de 2017

Humildad

 

Quisiera ser sabio. 

Atrapar todo el tiempo en la jaula de mi sombra.

 Navegar orgulloso por eones, sin rumbo, sin miedo.

 

Quisiera ser poeta. 

Deshacer la materia y dibujar nuevos mundos. 

Inventar la voz que no existe.

 

Pero soy hombre. Ínfimo. 

Me conozco y reconozco hombre. 

Hombre en la mirada del simple. 

Hombre en la sonrisa del mediocre. 

Al fin y al cabo, barro.

 

Humildad de los años. 

Escudriñas en mi cieno. 

Me muestras quién soy en el espejo de los otros, 

en la carne que caduca. 

Me juzgas con mirada distinta. Sin deseo. 

Conmueves mis cimientos con esa sonrisa vacía.

 

Humildad. Amenazas mis torres de humo. 

Dueles. No eres necedad ni desprecio, 

sino el valor de lo pequeño.

 

A ser tierra y agua me debo. 

No saltar los límites del sendero. No ser ruido.

A ser de ellos. No de mí. 

De los otros. De los últimos.

 

Recoger las astillas de sus sombras. 

Lo auténtico. Lo mínimo. 

Aprender de los que buscan el sentido último. 

La raíz.

Hastío

"Sucede que me canso de ser hombre"  (P. Neruda)

 

Sucede que me canso de ser hombre.

 

De ser ángel de carne, desechado. 

De ser vértigo luminoso 

sobre el blanco verbo inmaculado 

de la nada fecunda; 

bajo el techo gris, ominoso, 

de la nube líquida, deslumbrado, 

que me inunda.

 

Mediocre, me canso de ser hombre.

 

De ser demonio de vientos, deseado. 

De ser lava a borbotones 

del vulcano vientre arrojado 

a esta famélica vida. 

 

De ir recogiendo jirones. 

De ir cosiendo retales. Inacabado. 

Ruina de esta casa derruida.

 

Sobre la tierra dura, hombre.

 

De metálica fuente nacen lagos 

de miedos y fuegos que perduran, 

como géiseres que deshacen, bravos, 

las angustias, los dolores y las dudas, 

como brotes que renacen, claros, 

de las ganas, los hados y las brumas.

 

Duele, aunque no lo parezca, ser hombre.

 

Aún así, hombre sin excusas. 

No recibir el espíritu, duele, 

de la redentora brisa de la musa

 que de ser hombre me releve, 

que a ser niebla me impulsa, 

que por ser alma me libere.

 

Humano, imagen, sombra de hombre.

 

Cansado y harto de mí mismo

 solo me queda avanzar, 

remedar de otros el camino, 

esperar la lluvia bautismal 

que me absuelva del pasado y del delito, 

del recuerdo, de lo necio, 

de la misión y el destino.

 

Sucede que me canso de ser hombre.

 

De ser poema, visión y anhelo, 

de ser hierba, de ser cielo,

de ser dolor y silencio, de ser error, 

de ser deseo y asilo.

 

Sucede que me canso de ser...


jueves, 9 de febrero de 2017

Instante cero.

 

Primer instante. Génesis. 

 

Antes de ti, la nada. 

La ausencia de toda esencia, 

de toda cantidad, de toda forma. 

Aún ni caos, ni luz, ni almas.

 

Punto primigenio. Instante cero.

 

Después de ti, todo. 

El acto y la potencia. 

El dolor y la ternura. 

El ser y la palabra.

 

Y yo presente, ávido de ti,

con hambre vieja, 

me transformo en luna, 

en estrella fría y dura.

Contemplo este vacío 

lleno de océanos y dudas, 

de lágrimas, sangres y sombras. 

De montañas. De ríos. De dunas.


Ser


Se trata de ser...

De ser bruma a través del bosque
que derrumba sus hojas
sobre nosotros,
cubriéndonos de incertidumbre
y de tiempo.

De ser rayo de luz sobre el agua
que nos lleva tumultuosa, turbia,
de pensamiento en pensamiento.

De ser desnudo de aire y de viento,
a pesar de la piel
y de las sombras.
Se trata de ser auténtico.

Se trata de ser...

De ser y de morir gota a gota
y, a pesar del dolor, renacer.
A pesar de la oscuridad
de aquí dentro.

De ser y de fluir.
No de pasar, sino de quedarse
en cada ahora.
De ser inquilino del tiempo.
De ser eterno.

Se trata de ser luz.
De ser lo que se es.
No de ser algo. No de ser alguien.
Se trata de contemplarnos
y reconocernos.

Se trata de ser.

No de saber o tener.
De ser vapor y nube y lluvia.
De ser horizonte y camino.
De ser música.
De ser silencio.

Se trata de ser uno.