Soy el que dejó el ruido.
El caos.
El que fue antes de ser.
El que habitó el salón vacío.
donde la nada dolía.
El cansado de ser hombre.
El que navegó a la deriva.
Soy el que se detuvo en tu sendero.
Bendito momento.
El que cambió el deseo por tu roce.
La soledad por el fuego.
El que descubrió tu sonrisa y tu voz.
Tu equilibrio. Tus caderas.
Tus labios y tus besos.
El que aprendió a medir la eternidad
en abrazos breves.
Cálidos. Cada mañana.
El que siguió dos pequeñas huellas,
contigo, en la orilla del mar.
Un océano solo nuestro
y un futuro.
Ahora soy el que observa.
El que contempla
y disfruta de moléculas de paz.
Testigo humilde de este milagro.
Y agradecido, respira y
permanece.
El que acepta la grieta y la sima.
La meta y la tierra.
Ya no soy el caos. Ni el polvo.
Soy, simplemente,
el hombre que te encontró.