Huele a pan tostado. Es temprano.
Siempre me recuerda a la infancia.
A la seguridad. Al calor.
De pronto, se rompe el cielo.
El aire tiembla.
Me asomo a la ventana: todos corren.
Yo no. Sin comprender.
El olor a pan tostado permanece ingenuo,
suspendido en el aire, inocente.
Ha volado por encima del humo,
indiferente a la pólvora.
Un cuchillo invisible
ha cortado de raíz
la esperanza y el sosiego.
Ahora todo es confusión.
Llanto. Sangre.
Suciedad. La dignidad última
de la palabra sobre la carne.
Pronto el lodo caerá al fondo
y veremos aguas claras.
Otros aires traerán otra belleza.
Los niños volverán a jugar
con juguetes inventados.
Los jóvenes volverán a correr
con miembros prestados.
Otros amores. Otros fuegos.
Más grandes. Más rojos.
Y los viejos mirarán
con los ojos del recuerdo
y llorarán la inocencia perdida.
Pero yo seguiré aquí, entre escombros.
Aferrado a la memoria de este día.
Rescatando el calor.
La única libertad,
la más terrible y cierta,
es que yo elijo qué hago con mi sombra.
La paz que vendrá será la luz que llevo.
Primer instante ... Origen. ¡Antes de tí, nada! ¡Ni el tiempo! Punto primigenio. Instante cero ...
sábado, 6 de diciembre de 2025
Olor a pan.
viernes, 28 de noviembre de 2025
Cavaban (prosa)
"Había tierra en ellos y
cavaban." (Paul Celan)
Allí estaban continuamente trabajando la tierra para enterrar la angustia, el silencio y el desamparo. Pues no contaban ni con Dios ni con nadie. Sabían que Él estaba y Él sabía que estaban, pero a nadie oían, a nadie querían oír, ni nadie les escuchaba. A ciegas, como el gusano roe que roe, continuaban laborando sin sentido. ¡Pero para el gusano sí tiene sentido! No para ellos y ellas. A pesar de todo, por mucho que trabajaban, no eran capaces de crear nada, de conseguir nada. Esforzados, allá iban transformándose en vacío y muerte al toque de la angustia y el sinsentido. Y pasaba el tiempo y las inclemencias y no cejaban en su empeño, pero sin conseguir nada nuevo. Solo oscuridad y olor a tierra húmeda. Sólo sabían que no estaban solos en la empresa, al menos así se sentían. Al menos tenían el consuelo de cumplir con un pacto ancestral en el camino subterráneo que los acercaba los unos hacia los otros.
Sinestesia
¿Qué es el rojo? - me preguntas acariciándome las manos.
Yo solo puedo asir el aire y darte un cuenco vacío.
Tú esperas una forma, un tacto, un sabor. Una línea de piel y ternura.
Yo solo puedo darte su calor y mis besos. Nuestro abrazo disuelve las fronteras.
Esto es rojo – te digo –, la humedad de mis labios en los tuyos, mientras sientes la calidez de nuestros cuerpos.
Es el sudor volcánico del amor. El sabor a hierro en tu garganta.
La fragua en tus caderas. El río en tus entrañas.
La espina en la rosa. La palabra prohibida en tu boca.
Yo intento, torpe, llenar el silencio de tu oscuridad.
Llevarte los ecos de la claridad a tus sombras.
Y cierro los ojos y, mientras te amo,
compartimos nuestra noche interna.
Quiero ser el prisma que transforme mi luz
en tacto, en sabor, en olor, en palabra que pinten tu mundo.
Quizás ya lo has colmado de besos, cuchillos, fresas y miel.
sábado, 4 de octubre de 2025
Las palabras ...
... no son nuestras. Son del aire.
Nacen del aliento que compartimos.
Viajan en el silencio.Se enredan en los abrazos
y fluyen en los labios.
Las palabras no son de nadie.
Nosotros somos de espacio y de tiempo;
de átomos, de partículas.
Pura materia corruptible.
Ellas, no.
No caben en ningún sitio;
trascienden todo tiempo.
Son eternas. Son libres.
No podemos encerrarlas
ni en el papel ni en la tinta.
Ni en la canción ni en el grito.
Orbitan a nuestro alrededor.
Nos atraviesan.
Se diluyen en nuestra carne
y empapan el entendimiento.
Navegan por la sangre
y se evaporan en la piel.
No son nuestras.
Son del aire.
Y vuelan —ingrávidas—
en busca de otras bocas
que las digan,
que las canten.