domingo, 7 de diciembre de 2025

Cavaban (poema)

 

"Había tierra en ellos. 

Y cavaban. (Paul Celan)"

 

Allí estaban. 

Trabajando para enterrar la angustia. 

El silencio. El desamparo.

La miseria y la ira. 

 

No contaban con Dios. Ni con nadie. 

Sabían que Él estaba 

—y Él contemplaba— 

pero a nadie oían, a nadie veían.

Solo dolor. 

 

A ciegas. Como el gusano que roe y roe. 

Laborando sin sentido. 

Sin cesar. Sin futuro. Porque sí.  

 

Inocentes. Esforzados. Cansados.

Transformándose en vacío 

al toque de la angustia.

Pasaba el tiempo. 

Las inclemencias. 

Y no cejaban. 

Cavando. Cavando. 

 

Algo irracional les chorreaba los dedos.

La carne y los deseos se pudrían.

Y en el tiempo, hacia lo oscuro, lo frío. 

 

Sin crear nada. Sin conseguir nada. 

Solo oscuridad. Solo tierra húmeda.

Olor a soledad íntima. Y la voz muda. 

Sin esperar nada. 

 

Pero no estaban solos. 

Otros ojos, otros huesos, 

otras bocas, otras palas.

Estaban con otros.

 

Al levantar la mirada 

veían espectros,

como ellos, como ellas. 

Deshechos de carne y hueso. 


Otras voces que miraban.

 

Ese era el verdadero sentido.

Era el consuelo de un pacto ancestral: 

ese camino subterráneo que 

los acercaba los unos a los otros.

Que los unía. Que los salvaba. 

¿Qué soy?

 

Fui todo antes de ser. 
El origen y el final. 
El alfa, el desarrollo y el omega. 
Todo a la vez.

La luz y la imagen. 
Indefinido. Dual.
El mercurio en el espejo 
y el brillo en el diamante.

Fui lo decible y lo inefable. 
Aquello que temí y lo que amé. 
Pura potencia. Pura inocencia.

Ahora…

Soy el manantial y la piedra. 
Soy la carne y los nervios. 
El colapso de la luz.

El instinto y la emoción. 
La orilla y la espuma. 
El sonido y el concepto.

Más acto que potencia. 
Finito y discreto. 
Eso soy.

Lo que acontece.

Lo que acontece no es lo que ocurre.

Lo que ocurre es inocente.
Es fenómeno puro. Sin intención.
Sin carga ni color.

Lo que acontece es otra cosa.
Es lo que sentimos. 
Lo que elegimos del paisaje. 
Lo que anotamos y medimos. 
Lo que decimos. Concluimos.
La hipótesis.

Pero todo eso no es lo que ocurrió.
Es otra cosa. Impostada. 
Reflejada. Refractada.

Lo que acontece es mudo 
hasta que lo tocamos.

Ahí nace la tragedia. 
Nace el yo. El yo para ello.
El modelo. La imagen elegida.
Y la vestimos.

Es la dignidad última 
de la palabra en la sangre.
Del caos al orden. 
Dolerse. Nombrarlo. 
Hacerlo nuestro.


 

sábado, 6 de diciembre de 2025

Olor a pan.


Huele a pan tostado. Es temprano. 
Siempre me recuerda a la infancia. 
A la seguridad. Al calor.

De pronto, se rompe el cielo. 
El aire tiembla. 
Me asomo a la ventana: todos corren. 
Yo no. Sin comprender.

El olor a pan tostado permanece ingenuo, 
suspendido en el aire, inocente.
Ha volado por encima del humo, 
indiferente a la pólvora. 
Un cuchillo invisible 
ha cortado de raíz 
la esperanza y el sosiego.

Ahora todo es confusión. 
Llanto. Sangre. 
Suciedad. La dignidad última
 de la palabra sobre la carne.

Pronto el lodo caerá al fondo 
y veremos aguas claras. 
Otros aires traerán otra belleza.

Los niños volverán a jugar 
con juguetes inventados. 
Los jóvenes volverán a correr 
con miembros prestados.

Otros amores. Otros fuegos. 
Más grandes. Más rojos.

Y los viejos mirarán 
con los ojos del recuerdo 
y llorarán la inocencia perdida.

Pero yo seguiré aquí, entre escombros. 
Aferrado a la memoria de este día. 
Rescatando el calor.

La única libertad, 
la más terrible y cierta, 
es que yo elijo qué hago con mi sombra.

La paz que vendrá será la luz que llevo.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

... y en tu voz.

 

... y en tu voz me encuentro.

No en la palabra exacta, 

sino en el timbre que me nombra. 

Que me dice. Que me sostiene.

Que me teje y me saca de la sombra. 

Es el cincel de aire que me esculpe

al alba. Es donde soy en la noche.

 

Si el silencio es mi casa, 

tu voz es la puerta abierta. 

Es donde seré. Es la llamada única luminosa.

Tu voz, la brújula en medio de la niebla. 

 

Tu voz y tu sonrisa. 

Me dice "ven". Me dice "vida".

Me transforma. Dejo de ser 

piedra muda. Humo. Agua. 

Me vuelvo eco en la montaña. 

Resonancia en el hogar. 

Y alegría de ser oído. 

 

Tu voz... la única certeza que se canta.

La única verdad que venero. 

 

Sin mapa

 

No hubo mapa.
Ni brújula ni estrella.
Solo el paso ciego
sobre la  dura 
tierra.

Sobre el cieno.

No hubo plan,
ni arquitectura.
Ni promesa, ni sueños.
Solo devenir y esfuerzo.

Y sin embargo... llegué.

De repente, la luz.
Delante de mí, la alegría
brotando libre.

Y me así a su flor
nacida de la grieta.
Sin permiso. Espontánea.
Como amanece el día.
Inevitable. Perfecto.

No había puerto programado.
No había escalas previstas.
Y el mar me regaló la orilla.

No buscaba el fruto.
La fortuna cargó mis ramas.

Y me meció en su barca.

martes, 2 de diciembre de 2025

Seré mar.

 


Nací gota desgajada.
Límpida que descendió con el trueno lejano.
Nube inquieta. Inacabada.
Minúsculo hueco de
luz deseada.

Canto tenue en la altura.
Oscuro relámpago temido.
Bautismo hecho beso.
Y en la piedra dormida
rumor y destino.

"Yo", caleidoscopio.
En cárcava mecida
disolví la dura piedra
en preludio transparente.
Ahora. Impaciente voz
que en tierra halló su urgencia.

Me hizo cauce, prisa.
Tan cuidada, apenas vida fue.
Solo miedo y memoria
que tornó en impulso
la miseria y la herida.

Me hizo tiempo, cicatriz.
Temblor en el abismo. Acariciada. 
Tardía, pero aprendiz.
Guiada en el valle. Serpiente. 
Mimada. Camino abrazado. 
Árbol y ramas.
Puente de cumbre y sal,
no liberada. No decidida.

Así pasé de hueco a grieta,
de rápido a caída.
Sin conciencia. Líquida.
Nunca quieta, pero incierta.

Aprendí. Caminé.
Erré. Traslúcida y opaca.
En la corriente amé.
Y fui de nuevo hora fecunda.

No temí la quietud final.
Ni temí olvidar mi nombre.
Ser apenas eco del aire.
Onda. Ola. Espuma.
Obediencia y abandono.
Noche, día y plata.
Lo acepté. Agradecida.

Espero el horizonte.
La paz de la marea.
Dejaré mi nombre
cómo prenda que viví.

Seré voz. Seré coro.
Sal que todo lo iguala.
Pulso que no cesa.
Plano curvo.
Ni caída ni camino,
sino la llegada misma.

Fui lluvia y río.
Seré mar.