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lunes, 4 de enero de 2016

Súplica

Deja que escriba en tu piel aquellos besos no dados, 

los tiempos blancos, contados, con mis labios.

Tengo palabras de cielo para colmarte la copa

 y escribirte dos poemas: 

uno bajando tu cuerpo, con mis dedos, 

otro subiendo tu alma, con mi boca.

 

Deja que siembre en tus ojos todas las dudas calladas, 

y las caricias soñadas, con mi aliento.

Tengo mares infinitos que me brotan de las manos 

para surcar tus caderas: 

unos te mojan por dentro, en mis sueños, 

otros te secan por fuera, con mi fuego.

 

Deja que seamos espuma, que seamos sal y olas; 

un estallido de luz, una sola estrella azul. 

 

Que seamos uno solo.

A veces ...

Me vuelves aire.
Me enredas, me respiras.
Soy el espacio que ocupan tus manos.
El vacío entre tus dedos.

(Y simplemente... me dejo).

Me vuelves agua.
Bajo a tus raíces.
Me bebes, me lloras.
Soy la humedad en tu boca 
y la calma en tus besos.

(Y simplemente... me dejo).

Me vuelves luz.
Me atrapas en tus ojos.
Ya no hay cielo ni nubes, 
solo este destello.
Aquí y ahora, este Universo pequeño.

(Y simplemente... me dejo).

Me vuelves altar.
No hay sacrificio, solo tus brazos.
El único fuego eterno
son estos labios, esta piel,
este incendio quieto.

(Y me dejo amar. Y en ti... me quedo).

lunes, 21 de abril de 2014

Todo es deseo


Lo que pensamos, lo que callamos. 
La luz y mi sombra. 
Todo es sed. 
En mi piel, en mi boca.

Un querer futuro. 
Aspiración. Una niebla. 
Un aire que «será» y no llega.

La única realidad es el anhelo. 
Amamos la carencia. 
El espacio en la botella.
El frío en la cama.
Tu ausencia.

Desear ser. 
Desear estar.

Todo es búsqueda. Camino. 
Un infinito ir sin llegar. 
Discontinuo, a saltos.
Fluir. Continuar.

Todo es deseo. 
Todo poema es la imagen 
de ese anhelo.

jueves, 10 de abril de 2014

Transparente

Te recuerdo con un dolor 

                                            limpio,

sin que me hiera la luz, aún queriendo, 

sin que me hiera el olvido, 

                                            transparente.

 

Tu imagen se difumina en un querer 

                                                            y no puedo. 

En un cristal sin color, en un sólido latiendo, 

                                                                        pura luz.

 

Y permaneces etérea, en el aire,

                                                    disolviéndote.

 Es tu figura perfecta, casi niebla, casi nube,

                                                                        intocable.

Ahora roca, luego bruma. 

                                            Quizás agua, hielo o lava. 

Ahora brillo divino, materia viva.

                                                    Quizás metal, quizás musgo.

 

Y me atraviesas el sueño en un ir y venir 

                                                                    vibrando. 

Así te recuerdo yo. Casi luna. Casi noche. 

                                                                    Sin dolor.


lunes, 15 de abril de 2013

Búsqueda


Desnudé mi último poema para encontrarme. 
Le quité el traje nuevo. 
Hice jirones el viejo.

Busqué en su desnudez el perfil de mi talle. 
El brillo pálido del ser. Pero no me hallé.

Desmembré sus versos. 
Los grité. Los canté. 
Se ahogaban en silencios. 
Pura amargura. Oquedad hablada. 
Nada.

Retorcí las palabras. 
Las estrellé contra el suelo 
a sabiendas de mi ausencia. 
Recogí los pedazos: los fundí, 
los destilé. Y burbujearon latidos 
de un corazón distante. 
El odio. Y luego el llanto. 
Un espacio y un tiempo vacíos.

Allí brillaba. Profunda. 
Sin forma. Sin rostro. P
ura esencia opalescente. Dolor titilante.
Y comprendí: el alma es una bóveda celeste 
donde cada dolor y cada alegría 
arden como estrellas. 
Frías. Lejanas. 
Y la vida no es más que el viaje efímero 
por el espacio que las engarza.

Escribí un último poema para perdonarme. 
Lo sembré de palabras y de silencios.

Me perdoné.

Resucité.

domingo, 15 de mayo de 2011

Poema primero


Poesía ...


... me viniste como una urgencia;
como un río de palabras
mezcladas con aquel viento,
en un rápido de ideas.
Como una lluvia de estrellas
en el olvido del cielo.
Aún sin forma,
sin colores,
así te sentía
(y aún te siento).

Quizás los secos rosales
se deshojaron en guirnaldas
con aquel huracán salvaje.
Quizás las palabras surgieron
heridas por las espadas.

Aún así,
eras una locura querida,
una razón no buscada
a la luz de la penumbra
de una ilusión innombrada.

Navegué, torpemente, tus senderos,
y tejí solo mis miedos.
Y en el hueco de mi mano
nacía, como en invierno,
un viento frío, de hielo.

Viniste queriendo que vinieras,
mientras la razón mudaba,
y se vestía de hermosura,
y se rendía y se turbaba.
Y el viento se tornó cálido.
Y anduvieron tus huellas
cada una de mis dunas.

Hoy vienes como una brisa.
En una ola que rompe, suave,
dejando atrás las estelas
de sabor amargo,
donde desvelé las noches.

Y ahora, tendré celos
de todas aquellas plumas
que te cogerán del talle.
Qué cortos aún mis reflejos
pero qué grande mi ilusión
en el momento de amarte.

Cuando llego a darte forma,
tú la pierdes;
cuando invento tu color,
él no existe en la paleta.

Al verte desnuda y tibia
sólo presiento mi suerte:
exprimes mis sentimientos,
mil espumas en mi mente.

Pero hoy, llegado el reposo,
pinto mi lienzo crudo
con un sólo color discreto.
Y en él quedará la huella,
el hallazgo,
la reliquia
y el recuerdo.
En él quedará la esperanza
y el anhelo
Ahí quedará tu idea.
Ahí quedará tu cielo.

Y al final ...
la orgía de aquel viento
que me abrazó con urgencia,
irá dejando lentamente
los esqueletos de tu razón en mi arena.