miércoles, 15 de agosto de 2012

¡Quién fuera luz!

La luz tiembla por deslizarse en tu pelo,
por romperse en filigranas,
en un prisma casi negro.

¡Quién fuera luz!

Estremecerme al contacto
en un palpitar de fuego,
y transmutarme en el acto,
en colores siempre nuevos.

Enredarme y diluirme
en el río de este deseo.
Derretirme y consumirme
en cada brillo, en cada destello.

¡Quisiera yo ser luz!

Romperme súbitamente
y crepitar en tu fuego.
Brillar incandescente, expandirme,
derramarme, desde el sueño.

Y como una estrella errante, entre el espacio y el tiempo,
perderme en este azul rotundo, profundo.
Casi eterno.

martes, 24 de mayo de 2011

Una tarde

(Poemita infantil)

Los sonidos de la tarde
se mecen sobre las hojas
y en la ramita del árbol
unas alitas se rozan.

Un aleteo tras un trino,
una mirada curiosa.
Él muy altivo y atento.
Ella como si tal cosa.

Y en un súbito respingo,
como dos flechas hermosas,
cruzan el aire en un juego
en una danza graciosa.

Los sonidos de la tarde
se mueren sobre las hojas
y en la ramita del árbol
han quedado sólo sombras.

Dos motitas hacia el Sol
se alejan como nerviosas
en busca de otro arbolito
que les regale su fronda.

Él diligente soldado,
ella casi una novia,
y entre arbolito y ramita
el aire los enamora.

Clara

Solos quedaron los viejos
reposando su camino
y los jóvenes se fueron
a cantar con los pinos:

                                  "Y la niña Clara
                                   debajo del almendro,
                                   bailando con las jaras,
                                   junto al arroyuelo"

Éstos se fueron durmiendo
en incansables batallas
de tabaco, muerte y risas,
con las voces apagadas.

                                  "La luna llora, celosa
                                   de su cortejo de estrellas
                                   que son ojos de mozuelos
                                   que la desnudan al verla"

                Unas ilusiones duermen,
                otras ilusiones callan,
                y los amores se pierden
                en esta noche tan clara.

¡Te queda vivir!

¡Espera!

La poesía anidará en tus ojos, miel.
Llenará de soledad tu copa. 
De amores y de odios.
                                           Y tendrás un verso.

La ternura expandirá tu corazón, rojo. 
Solo y lento se hundirá en los besos 
oscuros de cualquier adiós.
                                           De verdes palabras.

La pasión te incendiará la sonrisa, azul. 
Los árboles arderán caídos, 
en silencio, cada día.
                                           De espuma y sal.

La realidad arañará tu ilusión, blanca. 
Los sueños remontarán sobre el tiempo
muerto, sin tu color.
                                           De luz brillante.

El futuro se bañará en tus manos, rosas. 
Las palabras te empujarán al abismo
vacío del pasado en cada ocaso.
                                            Pluma liviana.

Con la mentira se romperán 
los cristales en ti, negros.
En tu alma se clavará 
la sombra marcada de las verdades.
                                            Herida sanada.

¡Espera! 

No todo está perdido. 
                                            Renacerás.
Te queda vivir.

Despecho nº 3

He vendido tus besos.
He hecho caramelos con tu sonrisa.
Quizás así saque las ganancias que te llevaste.
Espero que las ilusiones
no se hayan perdido por tu pelo
y sepan dónde tienen que nacer.
He aprendido que a cada paso que doy
debo pagar la condena de tu desprecio.

jueves, 19 de mayo de 2011

Invierno en verano

El invierno llegó pronto 

a nuestra casa vacía, 

y nos nevó aquel verano 

una soledad muy fría.

 

Se me quemaron los labios.

Tus besos, que antes ardían, 

se volvieron tan amargos 

que su recuerdo dolía.

 

Todas las tardes se iban 

inventando tu sonrisa. 

Todas las noches traían una duda en cada brisa.

¡Ocurrió todo tan deprisa!

 

Vi cómo te alejabas 

rompiéndose tanta vida. 

Vivimos tan separados 

que la misma luz hería.

 

No tuve tiempo a olvidarte, 

pero el tiempo me decía

 que aquel amor que sentí 

te lo llevaste ese día.

 

Y el viento de diciembre, 

entre una noche y un día, 

me susurró la verdad: 

que algún día... te olvidaría.


Deriva

Anoche, un golpe de sal me borró el Norte. 

Hoy el sol no quiere acompañarme. 

La luna me ha abandonado.

Y estoy solo en esta barca.

 

¿Por dónde huyen los peces? 

¿Por qué el mar me ha olvidado? 

No fue culpa mía si las redes del tiempo 

saquearon los sueños de cada día.

 

Anoche, una estrella muerta se detuvo en mis sienes. 

Hoy las nubes apagaron el horizonte. 

La ternura del agua escapó se fugó de mi alma.

Y sigo solo en esta barca.


¿Dónde se quebraron las olas? 

¿Por qué el viento huye de mí? 

No fue culpa mía si las playas 

se perdieron detrás de las sonrisas, detrás de la espuma.

 

Anoche, el amor fue mi pecado. 

Hoy el mar me condena, mudo, a una penitencia triste.

 

Si me oyes... diles que sigo solo en esta barca.